El mejor oficio del mundo

Estos tiempos de abundancia informática carecen de un buen periodismo: reporteros de alta formación y redactores conscientes de su responsabilidad. La Fundación para un Nuevo Periodismo de Gabriel García Márquez en Cartagena quiere rehabilitar las virtudes y la ética del periodismo, apoyando a reporteros jóvenes en la dura búsqueda de la verdad.


Resulta imposible pintar Cartagena de Indias en pocos trazos. En el 'Corralito de piedra' el concurrente se pierde fácilmente en un laberinto de impresiones; iglesias imponentes se erigen como fortalezas, mansiones ostentosas de comerciantes fallecidos que derivaron su fortuna del comercio de esclavos y oro de las indias; y que convirtieron la ciudad portuaria en una de las más prósperas e importantes del Imperio Español. Taxis, carruajes y peatones agobian las calles angostas, un sinnúmero de mercaderes ofrece a gritos habanos, artesanías indígenas, ropa y relojes chinos, cocadas o dulce de tamarindo. En la espléndida plaza de Santo Domingo las meseras invitan a turistas europeos, gringos y latinoamericanos a ingresar a los diversos restaurantes. Bogotanas, caleñas y paisas adineradas ojean las vitrinas de carísimas boutiques y joyerías, algunos mendigos piden limosna, familias enteras se reúnen en los parques después de la misa, la brisa del mar parece traer consigo una mezcla de salsa y reguetón proveniente de los numerosos bares que se encuentran por toda la ciudad.

El Nuevo Periodismo

'Pues el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las impresiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.'
Gabriel García Márquez

Aquella colorida ciudad en el caribe colombiano es un verdadero laboratorio de la vida. Así no parece extraño que Cartagena hospede el centro más importante del periodismo iberoamericano: La Fundación Nuevo Periodismo. El nombre hace referencia al New Journalism, propagado por periodistas estadounidenses como Tom Wolfe, Norman Mailer o Truman Capote al principio de los años setenta. Aquellos corresponsales estaban convencidos de que el lenguaje estéril pero dominante en los reportes sólo disimulaba una pretendida objetividad, sin embargo era demasiado pobre para reflejar todas las facetas de la realidad. Por tal motivo exhortaron a sus colegas a romper con las reglas tradicionales: deberían vivir sus investigaciones, meticulosas y concienzudas, con medios literarios; querían ampliar nuestro conocimiento y entendimiento a través de reportajes que desbordaran y superaran las expresiones aburridas de las noticias agenciales.

Individualidad en tiempos de la fábrica de medios

En América aquella concepción del periodismo encuentra en Gabriel García Márquez uno de sus mayores abogados. El mismo famoso escritor colombiano de novelas como 'Cien años de soledad' o 'El Amor en los Tiempos del Cólera' empezó su carrera y se ganó su vida por muchos años como periodista. Nunca [...] dejó de sentirse vinculado con esta actividad, de la cual destacó que era el mejor oficio del mundo.

Die Stiftung Nuevo Periodismo
Inadvertida se esconde la fundación Nuevo Periodismo en esa casa cartagenera

Al principio de los años noventa, 'Gabo', como le llaman sus compatriotas, se embarcó junto con algunos compañeros de armas en la creación de una fundación para periodistas jóvenes en donde se reanimaran las virtudes perdidas del periodismo. Según Gabo, la comercialización de nuevas tecnologías mediáticas amenazaba el oficio del periodista. En forma de anécdota propuso a la grabadora como ejemplo: la mera reproducción había reemplazado el pensamiento propio del periodista. Otras tecnologías - como la computadora o el internet - reforzaban esa tendencia. La responsabilidad individual se había perdido en la producción masiva de las fábricas mediáticas, en donde colaboraban innumerables trabajadores de medios en un solo reporte. Al mismo tiempo, tanto el público de televisión como el de periódicos estaba perdido sin navegantes en una marea de información, cuyas verdades muchas veces eran más que dudosas.

Ver, oír, pensar

Desde 1995 la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano organiza seminarios y talleres para jóvenes periodistas, editores y reporteros de todas las regiones de Iberoamérica. Contra la tendencia galopante de la comercialización de los medios cada vez más monopolizados ésta promueve la calidad periodística en todos los sectores. Más de 4.500 periodistas visitaron en los últimos trece años estos seminarios y talleres. También en otras ciudades de América Latina como Buenos Aires, Lima, Monterrey o Caracas. Sin embargo, Cartagena parece el lugar ideal para recordar las virtudes y la dignidad del periodista. Muy lejos de la agitación capitalina de Bogotá, en donde el negocio de prensa arrasador de las grandes empresas de medios apenas deja espacio para la reflexión; todavía existe la posibilidad de desarrollar los cinco sentidos esenciales para cualquier periodista, según dice el reportero y escritor polaco Ryszard Kapuściński (1932-2007).

Jaime Abello
Jaime Abello Banfi, director de la fundación Nuevo Periodismo

Kapuściński inculcó a los participantes de un seminario realizado por la fundación que un periodista consciente debería estar en el lugar, ver las cosas con sus propios ojos, escuchar y compartir antes de que escribiera siquiera una sola frase. Esto exigía tiempo y reflexión, algo ya desconocido por el gran negocio de los medios.

Jaime Abello Banfi, desde sus inicios director de la fundación, se permitió aquel tiempo para una entrevista. Una placa inadvertida con las letras 'Nuevo Periodismo', al lado de una puerta bajita, indica la sede de la fundación. Cruzando un patio verde en una casa de estilo colonial, la cual alberga las salas de seminarios y oficinas administrativas, y subiendo una escalera después de la cual se saluda a la recepcionista, se encuentra la oficina de Abello, cuyo teléfono timbra cada instante sin llegar a perturbarlo.

Explica Abello que la fundación no expide ningún tipo de certificados. La práctica de dictar cursos que luego sean añadidos por los participantes a sus curriculums para luego colgar un cartoncito en la pared ya es excesiva, dice Abello con sonrisa picaresca. En lugar de eso, la fundación Nuevo periodismo quiere dar la posibilidad de intercambio a colegas periodistas que ya tienen experiencia laboral pero que tuvieron una formación sobre todo técnica y teórica.

Para este fin invita a profesores de renombre. Ya se han dictado seminarios, no sólo el del mencionado Kapuściński, sino muchos otros de reporteros y periodistas, expertos e internacionalmente reconocidos, otros como Tomás Eloy Martínez, Alma Guillermoprieto, Jean François Fogel, Jon Lee Anderson, Javier Darío Restrepo bajo cuya conducción los participantes intercambian sus experiencias, discuten el oficio y la ética y finalmente prueban nuevos métodos, por ejemplo en las calles cartageneras.
Muchos de los participantes mantienen el contacto después de los seminarios, intercambian informaciones y se embarcan hacia proyectos comunes, de tal manera que está formándose una red grande e importante entre periodistas jóvenes del continente entero.

Desafíos de la libertad de prensa: monopolios y violencia.

Los seminarios también dan lugar a que los participantes reflexionen sobre la vocación de su oficio, muchas veces olvidada. Jaime Abello se vuelve serio: '¡El periodismo moderno no se inventó como un idea de negocio, sino como una convicción política!' Era uno de los pilares más importantes de la democracia y por tal motivo siempre debería ser independiente. 'Como sabe no existe una sola verdad.' Solo una prensa plural permitía el disenso necesario para la búsqueda de la verdad más cercana.

Especialmente América Latina carece de tal pluralidad. En Colombia, hoy en día, hay un único periódico notable a nivel nacional: El Tiempo. Por lazos personales y de cercanía ideológica las críticas contra el gobierno son pocas: 'Especialmente en lo referente al conflicto armado de Colombia; no existe mucho espacio para voces disidentes al punto de vista gubernamental', opina Jaime Abello.

A pesar de juzgar preocupantes estos desarrollos insiste en la gran tradición colombiana de prensa y la amplia discusión política. 'El periodismo investigativo que destapa escándalos políticos y crímenes sigue teniendo formidables militantes.' Por ejemplo la revista Semana.

'Sin embargo existen dos clases de periodismo,' explica Abello. 'Un periodismo metropolitano, urbano, y un periodismo rural, que no tienen nada que ver.' Mientras tanto en las metrópolis financieras y económicas se defendía la libertad de prensa, garantizada en la constitución, al tiempo que ocurrían amenazas, violencia y asesinatos en aquellas regiones rurales en donde el Estado no lograba imponer su autoridad contra paramilitares y guerrilla. 'Otros países de América, como México o Brasil, obviamente sufren situaciones similares en parte de su territorio,' dice Abello.

Profesores de la fundación, reporteros que son expertos en guerra, conflictos y crisis, también enseñan la manera de proteger mejor a los periodistas en este tipo de circunstancias.

Periodismo científico sin ciencia?

Entonces la fundación quiere dotar de bagaje intelectual a los jóvenes periodistas, darles las herramientas a utilizar contra los múltiples obstáculos que encuentran en el camino hacia la verdad. Después de todos los éxitos importantes el trabajo de la fundación tiene límites claros. Durante los pocos días de seminarios y talleres sus profesores pueden dar consejos importantes y nuevas ideas. Por supuesto no pueden sustituir la formación profunda profesional. 'Un buen periodista siempre es también un buen traductor,' dice Jaime Abello, y agrega: 'traductor de la experiencia y el conocimiento especial.' Mientras las facultades de comunicación producían especialistas de las técnicas mediáticas, se carecía de aquellos traductores que tenían a la vez los conocimientos necesarios y talento narrativo.

Uno de los déficits más grandes obviamente correspondía a la política formativa de los estados iberoamericanos. Las universidades eran buenas instituciones en materia de formación, pero no en innovación científica. Exclama Jaime Abello: 'Solo en África se gasta menos para educación e investigación!' Por eso tampoco sería muy extraña la marginalización del periodismo científico en la región.

A pesar de eso Abello se muestra muy optimista frente la nueva generación de periodistas. Señala que una multiplicidad de revistas documenta su interés intrínseco en la dura búsqueda de la verdad y la pasión por los experimentos narrativos. Las numerosas revistas universitarias y radios de campus se ofrecían como importantes laboratorios para estos jóvenes. También en América latina crecía la conciencia de que el rapidísimo desarrollo científico era cada vez más impactante tanto en lo social como en lo político. Y así debería ser mediatizado a toda la sociedad. Kapuściński lo llamaba el servicio a la humanidad para entender mejor su mundo.

Beitrag von Joachim Jachnow

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Autor

Joachim Jachnow es redactor (e) de sciencegarden.

Bibliografía

  • Kapuściński, Ryszard (2003): Los Cinco Sentidos del Periodista. Bogotá.

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